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Navegar con road-book en moto PDF Imprimir E-Mail
domingo, 21 de septiembre de 2008

La masificación del GPS lleva a la mayoría de los usuarios noveles a cometer errores a la hora de navegar. Como dijimos en el primer capítulo de esta serie, el GPS es utilísimo, pero debe ser el último eslabón. Es verdad que puede repetirse un track que nos haya pasado un amigo y a veces no necesitas nada más, pero, ¿qué ocurrirá si todo lo que tenemos y sabemos es el track y sale un problema?
Puede estar mal un punto, borrarse parte de la ruta o, simplemente, que una valla interrumpa nuestro track. Si no tenemos nada más… ¿Qué hacemos?
Lo ideal al preparar un ruta es mirar unos buenos mapas (escala 1:50.000) y saber dónde vamos y por dónde queremos pasar. Desde luego, no hay que olvidarse de consejos de navegación elemental. Por ejemplo, que el sol sale por el Este y se pone por el Oeste, luego si vamos en moto y es por la manaña, y nuestra sombra está a nuestra izquierda, eso quiere decir que vamos rumbo Norte (párate a pensarlo un momento y verás qué sencillo: viendo donde está la sombra de la moto sabrás siempre si vas N, S, E u O, y eso es fundamental para saber si navegas en círculo o avanzas).

La navegación tradicional se ha hecho siempre con road-book y todavía hoy gran parte de las rutas que puedes encontrar en una revista o bajarte de Internet contienen estos road-books. Lo primero, para ello, es instalar en tu moto un portaroadbooks. Te recomendamos uno eléctrico con botones junto al puño izquierdo, aunque si no te llega el presupuesto, los hay muy baratos manuales (pero entonces es importante que te detengas de cuando en cuando para sacar la mano del manillar y girar el rodillo).

Lo primero que hay que decir de los roadbooks es que hay que saber quién los ha hecho, si un profesional, un amigo aficionado… Si el roadbook está hecho por alguien que sabe, nos enteraremos rápidamente porque puede faltar en él un cruce secundario, pero jamás faltará un elemento no perecedero (una vía de tren, una casa…). No hay ningún roadbook, nunca, que nos coincida al 100% y eso es importante saberlo. Hay múltiples motivos: el calibrado del trip (el nuestro y el del que ha hecho el road-book), los cambios en la Naturaleza (naturales o artificiales), los errores humanos (casi siempre son del navegante, aunque éste tienda a pensar que “el roadbook no me coincide y está mal”).

Road-book en moto


Es fácil que entre cientos de viñetas haya algún error. Y también es frecuente que falten cruces o indicaciones… siempre que no sean importantes. Navegando por España a veces hay docenas de cruces… pero mientras tengamos que seguir la pista principal o el camino recto, a veces no nos los pintarán todos. La regla de oro es usar el sentido común: normalmente los road-books usan caminos principales (que son los que realmente van de un pueblo a otro) así que salvo indicación en contra hay que guiarse del instinto y seguir la pista principal.

Es bueno tener dos trips, para llevar en uno de ellos el acumulado y en otro el parcial. Si no es posible, tendremos que conformarnos con uno de ellos. Lo mejor es llevar el total, para no perdernos de viñeta, siempre y cuando lo podamos ir corrigiendo (porque el error se va acumulando). Si nuestro trip no puede irse “corrigiendo” sobre la marcha, entonces tenemos que usar el parcial para poder anular el error en cada punto.

Otra regla básica es tener paciencia. En todas las rutas habrá varios momentos en los que no sabremos si vamos bien o mal. Cuando lleguen las dudas, lo ideal es aguantar un poco y seguir por la pista principal aunque no nos coincida el road-book. A veces, después de dos cruces que no esperábamos, acabamos encontrando una viñeta reconocible. Esto es bastante importante: podemos habernos saltado o puede no venir en el road-book un cruce “standard” (en aspa, en Y, etc.). Pero es casi imposible que un cruce de esos de cinco caminos confluyendo, con una casa en una lado y un carro viejo abandonado en el otro no aparezca en el road-book. Así que, si no nos han coincidido dos cruces “standard”, el consejo es seguir hacia delante despacio, fijándonos muy bien en los cruces que hacemos para no perdernos si hay que volver atrás, a ver si en acaba coincidiendo el siguiente cruce. Pero si llegamos a un cruce de esos “con personalidad” o con elementos no perecederos, y no viene en el roadbook, entonces vamos mal y claramente hay que volver atrás, hasta el último punto conocido.

Varios trucos más. El primero, nunca tener pereza de volver atrás si nos hemos perdido. Siempre hay la tentación de seguir, de atajar hacia la ruta que creemos que es buena… y acabaremos absolutamente perdidos. Al volver atrás hay que llegar siempre a un punto sin confusión posible (nunca hasta un cruce en Y en o en X, de los que hay miles que pueden confundirse unos con otros), y a partir de ahí volver a navegar muy despacio, identificando cada elemento. Muchas veces veremos que, en nuestra primera pasada, nos hemos despistado y hay algo que no hemos visto. En caso de pérdida total, hay que girar el rollo del roadbook hacia delante y hacia atrás hasta encontrar un punto localizable (un pueblo, un cruce de carretera, una vía del tren, un río…) y acudir hasta él. Ahí podemos recalar el trip y reanudar la ruta.

Lo más importante, con diferencia: si tienes dudas sobre si vas bien, jamás te tires por una bajada por la que no puedas dar la vuelta y subir. Lo más importante siempre es que no caigas en ninguna trampa, natural (un sendero empinado hasta un río que no se pueda vadear) o artificial (unas obras que hayan dejado tan removido el terreno que en lugar de barro haya “arenas movedizas”). Lleva siempre el móvil contigo, unos buenos mapas, un GPS (por supuesto) y no viajes solo. En medio de la nada, una caída o una avería si vas solo la puedes pagar cara.